Pedagogí­as desde las artes para los DDHH

La entidad Mamachama ha sido subvencionada por el Área de Acción Social, Participación Ciudadana y Diversidad del Cabildo Insular de Tenerife para la ejecución del proyecto Pedagogías desde las artes para los DDHH y la construcción de paz, a través de la convocatoria de subvención del área de Acción Social, participación ciudadana y diversidad destina a la protección de personas defensoras de derechos humanos (2022).

Este proyecto persigue:

  • Fomentar una ciudadanía crítica y comprometida con la defensa de los DHH, en especial los derechos de las mujeres y las niñas.
  • Denunciar la violación de los derechos humanos en algunos países del mundo y la situación de amenaza que sufren las organizaciones y personas que trabajan en la defensa de los DDHH.
  • Emplear técnicas y herramientas artísticas para comprender el mundo, dialogar y expresar propuestas de cambio.

Festival Arte en la calle: muralismo comunitario

Durante dos días se propone un encuentro de cultura comunitaria a través del muralismo colectivo en Sonseca, Toledo.

Se habilitan cuatro turnos de participación con cupo para que máximo 20 personas se acerquen en cada turno a participar en la actividad de muralismo participativo.

La entidad Mamachama y el colectivo de muralistas Dúo Amazonas guiarán la actividad de tal manera que se incluya una breve charla introductoria que contextualice el programa, los objetivos que persigue y los mensajes que se quieren comunicar con el boceto creado. 

Hay personas que nunca han cogido un pincel. Por lo que se explicarán también nociones básicas técnicas para perderle el miedo a pintar.

El proceso de muralismo colectivo permite que las personas participantes se involucren en una actividad comunitaria en la que el diálogo, tolerancia, respeto, construcción colectiva y la igualdad son esenciales. 

Además, las participantes del grupo motor estarán acompañando este espacio.

¿Te vienes a pintar? Rellena el formulario para inscribirte: 

Narrativas sobre diversidad

El programa ‘Nuevas narrativas sobre diversidad en el entorno rural’  es una propuesta que desarrollamos en Sonseca desde septiembre junto a un grupo de 14 personas con el objetivo de que las participantes construyan imágenes y relatos plurales y no estereotipados de las mujeres rurales diversas en el municipio de Sonseca.  

Los murales sirven para generar conversaciones que contribuyan a reducir los estereotipos y prejuicios sociales con el fin de generar actitudes favorables hacia la diversidad e igualdad.

¿Cómo vivir desde una ética del cuidado?

La construcción de nuevas narrativas implica un proceso reflexivo en el que nos preguntamos qué tipo de cultura vamos a construir con nuestras prácticas cotidianas. Qué mensajes queremos contar. Qué historias queremos añadir a esta colección de relatos que vamos a construir.

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Violencia contra las mujeres en el conflicto armado colombiano

Bien sea como habitantes de poblaciones donde se producen frentamientos, como participantes y lideresas de organizaciones sociales, como reclamantes de derechos, como productoras o poseedoras de tierras, las mujeres rurales son frecuentemente afectadas en forma diferencial por el conflicto armado; vulneradas en sus derechos fundamentales, y en sus derechos de posesión, explotación y restitución de la tierra.

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8M ‘Que amar no nos cueste la vida’

‘Que amar a otras personas, no nos cueste la vida’ es el lema con el que hemos querido salir a la calle. Reivindicamos este #8M que las mujeres debemos ser el centro de nuestra vida.  Apoyamos el gobierno de nosotras mismas y el feminismo como camino critico para la reeducación. En este post publicamos una carta que nos ha llegado en este dí­a para concienciar sobre la importancia de tener proyectos vitales propios.

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Clara Campoamor #PorqueFueronSomos

Discurso de Clara Campoamor

El 1 octubre de 1931, las mujeres obtuvieron el derecho al voto en España por 161 votos frente a 131. La diputada Clara Campoamor lo defendió así­:

Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espí­ritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.

Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas.

¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres? ¡Las mujeres!

¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad?

Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí­ para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno?

¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida polí­tica del hombre, estáis –fijaos bien– afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso?

No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.

No se trata aquí­ esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre.

Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto – que en España existe– no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí­ se ha expuesto, fuera del ámbito del principio –cosa dolorosa para un abogado–, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio.

Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadí­sticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España. Hace él un estudio cí­clico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadí­sticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadí­stica? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien.

Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy dí­a, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.

Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mí­a y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí­ de que no habí­a ecuación posible y, con espí­ritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer. A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admití­s la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz.

Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí­, ni de mí­ a vosotros. Desconocer esto es negar la realidad evidente.

Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espí­ritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.

Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que serí­a un profundo error polí­tico dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confí­a en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.

No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error polí­tico de graví­simas consecuencias.

Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención. Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mí­a propia.

Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudí­a una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo.

No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatí­a y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí­ misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella. Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate.

Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defenderí­a hasta la muerte; que pondrí­a, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por í­ntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española.