Festival Arte en la calle: muralismo comunitario

Durante dos días se propone un encuentro de cultura comunitaria a través del muralismo colectivo en Sonseca, Toledo.

Se habilitan cuatro turnos de participación con cupo para que máximo 20 personas se acerquen en cada turno a participar en la actividad de muralismo participativo.

La entidad Mamachama y el colectivo de muralistas Dúo Amazonas guiarán la actividad de tal manera que se incluya una breve charla introductoria que contextualice el programa, los objetivos que persigue y los mensajes que se quieren comunicar con el boceto creado. 

Hay personas que nunca han cogido un pincel. Por lo que se explicarán también nociones básicas técnicas para perderle el miedo a pintar.

El proceso de muralismo colectivo permite que las personas participantes se involucren en una actividad comunitaria en la que el diálogo, tolerancia, respeto, construcción colectiva y la igualdad son esenciales. 

Además, las participantes del grupo motor estarán acompañando este espacio.

¿Te vienes a pintar? Rellena el formulario para inscribirte: 

Narrativas sobre diversidad

El programa ‘Nuevas narrativas sobre diversidad en el entorno rural’  es una propuesta que desarrollamos en Sonseca desde septiembre junto a un grupo de 14 personas con el objetivo de que las participantes construyan imágenes y relatos plurales y no estereotipados de las mujeres rurales diversas en el municipio de Sonseca.  

Los murales sirven para generar conversaciones que contribuyan a reducir los estereotipos y prejuicios sociales con el fin de generar actitudes favorables hacia la diversidad e igualdad.

Cómo trabajar la coeducación en la infancia

Se entiende por coeducación el proceso educativo que favorece el desarrollo integral de las personas con independencia del sexo a que pertenezcan.

Cómo utilizar la coeducación en infantil y primaria

Los cuentos son una herramienta fantástica para trabajar la coeducación en infantil y en primaria. Sin embargo, muchos cuentos son sexistas.

Los cuentos de hadas, presentes masivamente en las bibliotecas de las aulas, en sus versiones escritas o fí­lmicas, presentan personajes femeninos y masculinos con claros estereotipos sexistas en sus atributos, acciones y emociones.

¿Cuáles son estos estereotipos? ¿Cómo detectarlos? Entre estos estereotipos, destaca el prí­ncipe azul, que las chicas personificarán (en la adolescencia) en su chico ideal, cuya conducta por negativa que sea, ellas podrán cambiar, porque es posible, con un beso. La metamorfosis del sapo en el valiente y protector prí­ncipe para amarlo eternamente.

Algunos ejemplos

El amor lo puede todo como en el caso de Bella que cambia a Bestia con su amor incondicional, un amor capaz de esperar un cambio en un personaje que la tiene secuestrada y que no la trata nada bien.

La sirenita también se entrega por completo al amor perdiendo por ello hasta la capacidad del habla. La sirenita renuncia a su capacidad de expresarse como persona, aceptando la nulidad por amor.

https://youtu.be/C-A6afHkry0?t=176

Por el contrario, el prí­ncipe tiene que ser valiente, decidido y dispuesto a enfrentar cualquier peligro. Deberá estar preparado para la conquista de su dama, haciendo alarde de fuerza y temeridad. En estos ejemplos podemos reflexionar sobre cómo los niños aprenden s a asociar estos valores como componentes esenciales de la masculinidad.

Así­ no es casualidad presentar a las princesas como bellas, hacendosas y pasivas. Ni que la figura de maldad sea una bruja o personaje femenino y que los personajes violentos y crueles sean masculinos pero no humanos (ogros, dragones, lobos feroces).

Los niños siempre tienen que ser valientes, y emprendedores, mientras que las niñas son simples, bonitas, temerosas y obedientes.

Lamentablemente esto no sucede solo en los cuentos tradicionales sino que actualmente también hay historias y personajes que siguen reforzando los roles de género. Utilizar cuentos actuales, no garantiza que los roles sexistas no se sigan transmitiendo, hay que asegurarse de que esos cuentos no contengan un mensaje sexista.

¿Cómo sé si un material es sexista? Pautas para su análisis

Nos vamos a basar en las recomendaciones que hace

· ¿Quién protagoniza la historia? ¿En alguna ocasión la protagoniza una mujer?

· Número de personajes femeninos y masculinos

· Importancia y prestigio de los personajes masculinos y femeninos.

· ¿Las tareas domésticas sólo las realizan las mujeres?

· ¿Las tareas fuera de casa y remuneradas sólo las realizan los hombres?

· ¿Aparece la mujer como objeto sexual?

· ¿Los deportes, la ciencia, la aventura siempre están protagonizada por los hombres?

· La valentí­a, la toma de decisiones, la responsabilidad, la ambición, el arrojo, el éxito profesional ¿es exclusivo de los hombres?

· El miedo, el llanto, las emociones, el cuidado de los demás, la afectividad, la sensibilidad ¿es exclusivo de las mujeres?

· ¿La finalidad última del personaje femenino es casarse o encontrar pareja?

· ¿La actividad pertenece a los personajes masculinos y la pasividad a los femeninos?

· ¿Se pone énfasis en las caracterí­sticas fí­sicas de los personajes femeninos? ¿incluso se llega a despreciar algún personaje femenino por su apariencia fí­sica?

Cuentos sexistas

Tal como recoge la guí­a “Vivir los Cuentos”, en los cuentos sexistas:

· Ellas siempre esperan, cosen, limpian, lloran… Ellos siempre luchan, salvan, rescatan, viajan…

· El poder del personaje femenino mágico (el hada) radica precisamente en su magia otorgada por algo o alguien. El poder del personaje masculino mágico (el mago) radica en su sabidurí­a.

· La maldad del personaje femenino radica en los celos y fealdad. La maldad del personaje masculino radica en su poder o en la avaricia (ladrón).

· Finales que representan la forma más perfecta de existencia deseada: casarse con el prí­ncipe o princesa y convertirse en rey o reina.

· Las niñas y mujeres se describen como bonitas, dulces, delicadas, pobres, ingenuas, intelectualmente torpes, intuitivas, volubles… · Los varones en general se describen por su valentí­a o cobardí­a, astucia, agresividad, eficacia y por sus trabajos o por sus situaciones de poder. Y así­ un largo etcétera

Reflexiones para la coeducación

Es necesario revisar estos modelos y lo que transmiten:

¿Qué modelos de existencia se están ofreciendo cuando se contemplan sólo princesas hermosas, prí­ncipes valientes, brujas malvadas y héroes, que lo son porque las destruyen? ¿Van destinados a niñas que desobedecen y son castigadas como Caperucita o a niños que, en cambio, se arriesgan y se convierten en hombres como Pulgarcito?

¿Es ser bella lo más importante para una chica? ¿gracias a ello, tendrá el éxito en la vida asegurado? ¿El amor siempre se da a primera vista y termina en matrimonio? ¿En las relaciones de amor, ellas tienen que ser siempre pasivas y ellos activos?

¿Los personajes masculinos pueden conseguirlo todo con el uso de la fuerza? ¿Los ogros, dragones, seres malvados, lobos feroces siempre son ellos? ¿Con cuáles de estos personajes se identifican las niñas? ¿Y los niños? ¿Qué es lo que ellos y ellas más valoran?

Juegos que favorecen la coeducación

Una propuesta es usar los cuentos tradicionales como material didáctico; jugar con los niños y niñas a cambiar los finales, los roles, a, ponerse en la piel de los personajes. Se trata de jugar a romper los cuentos sexistas alterando su trama y sus personajes para crear personajes y situaciones nuevas para que no sean sexistas.

Este ejercicio de deconstrucción y relaboración nos permite generar un debate práctico en el que la infancia tiene un papel protagonista a la hora de elaborar nuevas propuestas.

También se pueden y deben utilizar cuentos alternativos (no sexistas), cada vez más numerosos en nuestras librerí­as, para hacer evidente al alumnado que tanto niños como niñas pueden realizar las mismas acciones, y poseer iguales destrezas, capacidades y valores.

En estos libros alternativos, la infancia encontrará modelos no estereotipados, desarrollando actitudes más positivas en relación a las actividades que realizan los personajes de su igual sexo, lo que les conduce a comportamientos menos estereotipados, convirtiéndose así­ en agentes de cambio en relación a la desigualdad entre los sexos.

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-¿Qué es la coeducación o educación no sexista?

**Este material se ha elaborado gracias a los conocimientos especí­ficos adquiridos en el curso ‘Bases metodologí­as para la formación y sensibilización en género’ de ígora.

Invisilizadas: 13 relatos, 13 ilustraciones y 13 recetas

Hace un año cuando comenzaron las medidas de distanciamiento social y se decretó el estado de alarma nos preguntábamos cómo llegar a las vecinas que viven en pueblos de la provincia de Ciudad Real y no tienen acceso a internet. Llevábamos un año recorriendo distintas localidades de la provincia con el programa ‘El poder de la mujer rural’ y la brecha digital nos hací­a imposible continuar trabajando con ellas.

Comenzamos a llamar por teléfono a algunas vecinas con quienes ya tení­amos una relación de confianza y ellas nos facilitaron otros contactos. También nos ayudaron a recopilar teléfonos 18 Centros de la Mujer de la provincia.

Desde entonces dedicamos las tardes a conversar telefónicamente con la intención de detectar y acompañar las necesidades que pudieran aparecer en esos momentos tan complejos que estábamos viviendo.  

Las llamadas se transformaron en largas conversaciones en las que aprendimos mucho sobre los obstáculos y barreras a los que se enfrentan tantas por el hecho de ser mujeres y vivir en zona rural. Dentro de la diversidad que abarca la categorí­a mujer rural las historias y vivencias son muy diferentes y heterogéneas pero hay algo que compartí­an todas las biografí­as: valentí­a, fortaleza, sororidad, amor y muchos cuidados como forma de resistencia.

Hemos recopilado los 160 testimonios a través de 13 relatos, 13 ilustraciones y 13 recetas manchegas adaptadas que publicamos en Invisibilizadas.

El 100% de las ventas del libro se destinará a fortalecer los procesos de trabajo que realizamos con mujeres en zonas rurales. Nuestro próximo reto es organizar un congreso en Ciudad Real para recoger las demandas y propuestas de quienes habitan la apodada España vaciada que no está vací­a sino olvidada y maltratada.

<<Muchas veces nuestras grandes referentes están más cerca de lo que pensamos. Están ahí­, son ellas. Nuestras madres, tí­as, abuelas, amigas, vecinas. Quienes ponen su vida al servicio del resto. Quienes llegan cruzando el mar o en una travesí­a de obstáculos por aire y tierra. Quienes resisten y hablan de territorio. Quienes construyen la vida>>.

«La colonización nos hizo creer que la identidad occidental es poder»

Era un domingo de los 90. Yo era un niño de escuela primaria en los suburbios de Sydney. La ceremonia de la iglesia se llevó a cabo en un pequeño salón de ladrillos amarillos en Blaxland Road. Yo estaba allí­ con mi familia para conocer a otros filipinos evangélicos. Compartimos horas juntos; interminable sermones, karaoke y parrilla en bandejas de ensaymada y pancit.

El programa siguió la fórmula predecible de alabanza y adoración, algunos saludos, el diezmo y la predicación. Cerca de la mitad, sin embargo, estarí­a la «Interpretación de números especiales de Robert y Elizabeth Kennard».

Mi hermana y yo fuimos elegidos para el espectáculo, colocados en el escenario por los pastores, porque éramos mitad blancos. Al tener un padre anglo-australiano, nos dieron el centro de atención.

Entre el diezmo y la adoración, actuamos. Algunos domingos eran versiones a capella de nuestro himno escolar, «Crecer en Cristo». Otros eran parodias basadas en parábolas como El hijo pródigo y El grano de mostaza. A veces, incluso interpretamos éxitos de Hillsong como » Jesús, qué hermoso nombre, en lenguaje de señas.

Me aterrorizaba actuar. La adulación de las lolas (lolas son abuelas en tagalog/filipino) de pelo blanco no tení­a más valor que las burlas de los niños filipinos en la escuela dominical después de que dejé el escenario y volví­ a ser un niño «normal».

Aunque ahora soy un hombre orgullosamente queer y birracial, recuerdo estas actuaciones y cómo mi comprensión de la blancura se desarrolló a partir de este tipo de alteridad en mi propia comunidad.

Todaví­a necesito un esfuerzo para desacreditar los mitos sobre la blancura y verme a mí­ mismo en relación con ella.

Ser mestizo, un término para raza mixta, me ha brindado un privilegio; exotizándome en mis comunidades blancas y morenas.

Filipinas ha sobrevivido cuatro siglos de colonización por dos grupos de invasores blancos: los españoles y los estadounidenses. Nos regocijamos de haber pasado 300 años en un convento español y 50 años en Hollywood. Parte de la supervivencia de la cultura ha significado aprender a adaptarse al gusto y capricho del colonizador. Y disfrutarlo.

Comemos carne en lata y en conserva religiosamente, una pervivencia de los soldados estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial. El español y el inglés salpican nuestros idiomas y dialectos, y muchos filipinos todaví­a reclaman la sangre española como una insignia de honor. Apellidos que suenan europeos y rostros de aspecto europeo.

La colonización nos hizo creer que la identidad occidental es poder. Ser mitad blanco es el doble de bueno.

«Tienes la suerte de tener el apellido de tu padre», decí­a mi abuela en ilocano, mi lengua materna. Tener una nariz fina, su altura. Tener hoyuelos y piel más clara.

Los filipinos en la iglesia también creí­an esto.

«Podrí­as ser una celebridad en Manila». Tita Shirley me agarró antes de irse una vez, pellizcando mis mejillas con tanta fuerza que vi estrellas. Todaví­a puedo oler su boca llena de cerdo, azúcar y salsa de soja mientras sus ojos brillaban alrededor de mi cara. “¡Ni siquiera tendrí­as que aprender tagalo, te lo prometo!”

Más tarde, cuando se fue, mi abuela me susurró al oí­do mientras me atiborraba de pandesal: «Es verdad. Tú eres un regalo del Señor».

Para ella, ser mitad blanca era un regalo, un pase gratis.

Como inmigrantes de la primera ola, mi familia trató de protegerme de la polí­tica blanca australiana de la era de Pauline Hanson. A medida que crecí­a la fuerte crí­tica contra los asiáticos-australianos, nos comportamos «más blancos».

Intentamos blanquear nuestro moreno cambiando con quién nos relacionábamos. En la década de 2000, dejamos de asistir a la iglesia filipina y optamos por la iglesia pentecostal local, dominada por familias blancas. Detuvimos los viajes de fin de semana al oeste, a Blacktown y Rooty Hill, epicentros de la diáspora filipina en Sydney.

«Makapauma», decí­an mis tí­as cuando les preguntaba por qué. «Te cansas de eso».

Intentamos tapar nuestro discurso también. Empezamos a hablarnos cada vez menos en Ilocano y cada vez más en inglés. Cuando hablé con amigos que no eran filipinos, me volví­ consciente de cada ‘p’, ‘f’, ‘B’ errante que pronuncié. Me aseguré de no sonar como mi madre, con su acento provinciano oxidado. Traté de pronunciar las r con un acento australiano perezoso, en lugar del acento filipino de mi madre.

Con el tiempo, este esfuerzo por asimilarme significó que casi perdí­ mi ilocano por completo. Sentí­a como expulsaba mi conexión oral con mi cultura.

Hasta bien entrada la veintena seguí­ rechazando mi identidad, evitando viajes de regreso a Filipinas y blanqueándome la piel con jabones blanqueadores y lociones que mi madre compró a tindahans (tienda de alimentación) filipinos. Querí­a blancura, así­ que ridiculicé mi moreno: la comida, los gestos, los acentos. Lo hice todo sin siquiera reconocer el autodesprecio.

Todo esto me dejó sintiéndome vací­o, entre dos culturas sin tener ninguna.

Mientras fui glorificado en las comunidades filipinas por mi blancura, como adulto encontré la mirada del hombre blanco gay apuntando hacia mi moreno también.

En las aplicaciones de citas y encuentros, mi atractivo se basaba en que yo pareciera ‘extranjero, pero familiar’. Me han dicho que tengo ‘algo más en la mezcla’, ‘ascendencia hermosa’, ‘sangre latina’ y ‘piel exótica y suave’.

Hasta hace poco, mi vida se habí­a sentido como una búsqueda de aprobación, tambaleándose y desplegando cómo me veo, hablo y actúo, de una comunidad a otra.

En los últimos años, he intentado ir más allá de esto.

Tuve la suerte de encontrar amistades con filipinos en la comunidad LGBTIQ de Sydney que ven más allá de mi apariencia. Me han ayudado a redescubrir las palabras y el sarcasmo en Ilocano que habí­a perdido, y a volver a usar el abanico de las expresiones faciales que aprendí­  cuando era niño, ¿ha visto la cara de una filipina cuando tiene hambre o está extasiado?

También me han enseñado sobre el rico legado prehispánico de ser queer y filipino.

He sentido el parentesco y la unión de dos partes distintas de mí­, y hay mucha alegrí­a al permitirse celebrar esto en comunidad.

La cultura y la pertenencia no se basan en un cuerpo o su proximidad a la blancura. Estas amistades me han ayudado a reimaginar lo que me dije a mí­ mismo que no era.

Estoy aprendiendo de nuevo a aferrarme a mi otro lado, la mitad olvidada.